Ya. Hasta aquí.
Se acabó, agotaste mi paciencia. Abusaste de mi buena voluntad.
Pero no más, se te acabó el tiempo. Y no vas a venir a burlarte de mí otra vez, no. No vas a escaparte, entiendes?! (se acabó la Margarita estúpida)
Lo peor… es que no puedo negarlo; dejaste marcas en mí. Sí, te recuerdo (con rencor) al darme cuenta de que siguen ahí. Y luego de un rato duelen, ¿sabes? Un ardor desesperante.
Por eso, maldito, te juro que nunca más tocarás mi piel. Descarado. Me repugna pensar que te metiste en mi cama tantas veces!... pero así fue. Y Yo diría que ‘demasiadas veces’, demasiadas noches.
Te odio! No quiero oírte nunca más, no quiero saber que existes en algún rincón, no quiero ni siquiera recordarte!
Dime exagerada, porque talvez exagero… pero ya lo decidí. Si merezco encontrarte alguna vez, TE MATO.
Te mato, zancudo diabólico!